DE REVOLUCIONES Y ELECCIONES ¿15M en las urnas?

Llevo tiempo pensando en esta sección y, aunque me hubiese gustado desarrollarla en otras circunstancias y con otros aires, creo que quizá ahora sea el momento más oportuno.

Las redes sociales son un barómetro interesante del sentir de la gente. Y el día de hoy se dibuja derrotista y terrorífico a tenor de lo que se puede leer en los medios de comunicación sociales después de la jornada electoral de ayer. Pero es necesario templar un poco los ánimos y canalizar la desesperación con algo de constructivismo social.

Hay sentimientos de desidia, duelo y miedo tras el 20N. Algunos llaman al exilio político-económico y otros deshojan las esperanzas de lo que creyeron que sería y nunca fue. Se mezclan mensajes de horror ante la victoria de la derecha y de desconsuelo ante la incapacidad frente al imperfecto sistema electoral. Incluso Gabilondo señala que abrazamos de lleno la ortodoxia de la religión neo-liberal. Y lo dice sin tener en cuenta quizá que ni la izquierda tenía mucho margen de maniobrar habiendo perdido ciertos valores de la socialdemocracia y sin resuello para enfrentarse al capitalismo financiero, ni ahora contamos con un gobierno tecnócrata no elegido por los ciudadanos como algunos países vecinos de la Eurozona. Si bien es cierto que la ley D’Hont y las circunscripciones electorales obligan a aceptar resultados que de otra forma serían diferentes, tampoco es menos verdad que el parlamento ha aumentado el número de partidos en liza, con el interesante ejercicio de diplomacia que eso conlleva y el agradecido ensanchamiento del espectro representativo de la sociedad.

Pero lo más triste es encontrarse con mensajes que reniegan de la sociedad española y que ponen en entredicho el efecto del movimiento 15M. Sorprende que unos meses atrás todos estuviésemos henchidos de orgullo por un movimiento ciudadano surgido de la calle y las redes que sacudía cuestionables elementos de las democracias liberales modernas, y ahora nos hundamos en la desesperación por el resultado de unas votaciones que dejan más dudas que certezas. Ni antes tocamos el cielo, ni ahora besamos el suelo.

El Movimiento 15M no sólo ha creado y re-creado conciencias colectivas más o menos dormidas sino que ha tenido un efecto electoral claramente visible en la subida de los partidos minoritarios en base al concepto del nolesvotes. Asimismo, ideas reclamadas por este movimiento y por las subsiguientes demostraciones de la sociedad civil en contra de la dictadura de los mercados y la violación de derechos socio-económicos han hecho mella en algunos partidos políticos. Ya sea por electoralismo circunstancial o por ideología de base, algunos partidos han hecho suyas determinadas propuestas a las que ‘los indignados’ sirvieron como altavoces: dación en pago, supresión del senado, reforma de la ley electoral, etc.

Y lo que es más, tampoco el objetivo del Movimiento 15M se ‘reduce’ a la influencia en unas elecciones generales. Su propósito es más ambicioso: se trata de transformar conciencias y ejercer lobby político. De hacer política. Y lo está haciendo. Ha conseguido, gracias a las redes sociales, extender sus tentáculos hasta otros países y otros centros de poder donde la influencia de la presión política puede ser mayor sobre los que actualmente dirigen la política: los mercados. En cuestión de 5 meses, la indignación de la sociedad civil española se ha reproducido como un hongo en Europa y Estados Unidos. Mucho más rápido de lo que lo hicieron movimientos en defensa de los derechos civiles y políticos en los 60 y 70, lo que por otra parte está más acorde con las necesidades de ámbito global de la situación actual (en otro post iré en esa dirección).

Aún así, a los analistas no les parece suficiente y critican su legitimidad, transparencia y representatividad. Todo ello siempre está en tela de juicio (y lo seguirá estando) cuando se trata de activismo social, pero no parece justo exigirle a un movimiento social surgido hace meses lo que ni muchos partidos políticos, ni otras instituciones públicas han conseguido en décadas. Más aún, se cuestiona si el movimiento no debería transformarse en partido político, como sugiere un analista de Aljazeera English a cerca del movimiento Occupy Wall Street. Sin embargo, los que eso sugieren se olvidan de que la verdadera fuerza de la sociedad civil está en lo que señala la académica Mary Kaldor: que no se trata de un movimiento sino de varios y cuya riqueza no es abarcable ciñéndonos a una sola organización o modelo organizativo. Que el poder de estos movimientos está precisamente en su estructura no-piramidal y en su falta de constricciones institucionales, al contrario que los partidos.

Sin entrar en la eterna discusión de si el ámbito de la sociedad civil se circunscribe dentro o fuera de los mercados y de las instituciones, lo que si que se puede asegurar es que sus actuaciones no se reducen a la del tercer sector, sino que también se despliega por esas otras dos esferas. De manera que los miembros de los movimientos sociales también son o serán jueces, políticos o empresarios. Que el ejercicio de presión política hacia los que dominan las agendas se hace desde fuera del organigrama político pero también desde dentro. Con débiles conexiones con los poderes fácticos al principio para acabar estrechándose al final con el poder institucional como ocurrió con la defensa de los derechos civiles y políticos en la Sudáfrica del aprtheid, en los Estados Unidos de la discriminación racial o en las dictaduras de Argentina o Chile (aunque la defensa de los derechos que ahora se lleva a cabo sea de otra índole).

De este modo, la efectividad de la sociedad civil no cambia aunque el Movimiento 15M o su homólogo anglosajón, Occupying Movement, creasen partidos políticos. De hecho, quizás se reduciría. Sus partidos se ajustarían a los cánones de la política institucional y crearían agendas definidas que reducirían su capacidad de influencia y se enfocarían más específicamente hacia sus acólitos. La verdadera fuerza de la sociedad civil está en la creación de conciencias y en su ejercicio desde la base. Se trata de una política desde fuera hacia dentro de las instituciones y de flujos ‘bottom-up’.

Por eso es ahora cuando menos se necesita de sentimientos derrotistas y desesperación absoluta. Las elecciones no lo eran todo. El cambio se producirá. Se está produciendo. Se empezó en una plaza con muchos soles. Pueden imponer el neo-liberalismo, como también pueden imponer la dictadura de los mercados financieros y su disparatada economía especulativa. Pero no evitarán el cambio. Se trata de cambiar conciencias y convencer a todos los estratos sociales y en todos los niveles de acción política.

El 12 de Octubre de 1936, en un contexto muy diferente al actual pero en el que también estaban en peligro otros derechos, un grupo de falangistas se reunía en la Universidad de Salamanca. Miguel de Unamuno estaba allí y ya lo advirtió en ese momento:

Venceréis, pero no convenceréis

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2 comentarios

Archivado bajo SOCIEDAD CIVIL

2 Respuestas a “DE REVOLUCIONES Y ELECCIONES ¿15M en las urnas?

  1. El espejo de todos los movimientos sociales contemporáneos tiene que ser el Tea Party: un grupo de presión que ejerza una determinada influencia sobre un partido político. Lo que antes eran guerristas o felipistas en el PSOE, ahora debería ser gente del 15-M dentro de un partido ya instaurado o de nuevo cuño para actuar en las instituciones.

    La izquierda abertzale es un ejemplo tb. Tienen muchos tentáculos en varios ámbitos de la sociedad (mov. culturales, feministas, juveniles…), y el culmen es el brazo político… Sin política no cambias nada…

    Gran post, por cierto…

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