FOR A SHADOW OF HOPE

Ocurrió el fin de semana pasado. Hicimos una excursión a Dingli cliffs, los acantilados rocosos que están al oeste de la isla. La situación era inmejorable para sacar fotos y hacer unos cuantos vídeos: buen tiempo, sol reluciente sellando el horizonte azul, mar calmo y sacudidas de brisa suave. Después de caminar por los acantilados bordeando la costa frente a la isla de Filfla, esperamos hasta la caída del sol para contemplar como el fuego parduzco del cielo se fundía con un azul de olas tornado a negro a medida que el sol se apagaba por unas horas.

De vuelta a la parada del autobús nos dimos cuenta de que habíamos perdido el último y que nos encontrábamos sumidos en la más completa oscuridad en medio de la nada. Así que hicimos un análisis de la situación y la cosa estaba nítida como no lo estaba el cielo de aquella noche: emprender camino a la ciudad más cercana en mitad de la noche cerrada o intentar que la pareja que había estado esperando durante horas a la caída del sol en un coche (haciendo cómo que veían una película en el portátil) nos llevase.

Así que conseguimos que nos llevasen a la ciudad más cercana en coche y allí esperamos a la llegada del autobús. En la parada en Rabat, el autobús empezó a llenarse de gente (era día festivo allí y hubo fuegos artificiales y la consabida aglomeración de paisanos), con lo que quise aprovechar para sacar la cámara de vídeo e inmortalizar el momento crítico de abordaje al autobus. Pero la tensión fue mía y no de ellos cuando me di cuenta de que la mochila no estaba allí. Una mochila donde tenía la cámara de video y la de fotos. Sí, la misma cámara de fotos que perdí en Nueva York y París

Cogimos un taxi a cuyo piloto insté a conducir lo más rápido que pudiese (eso sí que aquí lo hacen de maravilla) de vuelta a la parada del autobús. Volvimos a los acantilados en busca del coche en el que nos montamos para ver si la dejé allí. Ni rastro de él. Volvimos a parar en la plaza de la parada del autobús y empecé a aporrear las puertas desesperadamente para preguntar si algún vecino había visto algo. Sólo habían transcurrido 15 minutos desde que dejamos la parada. Tenía que haber sido alguien de allí. O yo había tenido muy mala suerte. Recuerdo las palabras del taxista de vuelta a Rabat, mientras me miraba dar cabezazos contra el salpicadero: “At least, you’re still breathing”.

Al día siguiente fui a la comisaria más cercana a casa para que llamaran a la de Dingli. De ahora en adelante, y para futuros viajes a Malta, recordad que la comisaría de Dingli es un local siniestro donde deben tratar con órganos, muñecas rusas o sociedades secretas. Todo menos abrir cara al público.

Lejos de cesar en mi empeño de recuperar mis cámaras y dado que era sábado y no tenía nada mejor que hacer, me fui al extremo opuesto de la isla con 5 copias en inglés y maltés de un cartel en el que se ofrecía recompensa por las cámaras y los bolsillos llenos de fe y esperanza. Los carteles acababan apelando al fervor religioso de los adorables fanáticos malteses: “God bless you”… Todos sabemos del séptimo y décimo mandamiento. Y los caminos de Dios son inescrotables (o eran inescrutables?).

Empecé por preguntar y poner carteles por los establecimientos abiertos a las 11.30 de la mañana y continué por llamar casa por casa. Paré a todos los viandantes que se atrevían a pasear por una plaza desierta de árboles en una mañana con un sol de justicia. Cuando ya gran parte del vecindario que circunda los aledaños de la parada de autobús de Dingli conocía de mi situación y de que cualquier información a cerca del paradero de la cámara (como en una de esas películas en las que Mel Gibson se dedica a buscar a algunos de sus parientes secuestrados) “will be well rewarded”, una familia salía en coche del garaje. Apostándome como un kosovar en Grozni, paré el coche para preguntarles a cerca de la cámara…

Increíble. La cara de asombro de la mujer cuando la estrujé como una naranja entre mis brazos mientras me decía que la mochila estaba en su casa. Los dependientes de las tiendas de alrededor aplaudiendo la escena en mitad de la calle. El miedo de la señora mayor que la acompañaba cuando le insistí que tenía casa vacacional en España.

Como increíbles son los vídeos creativos que el patriarca de la familia grabó ese mismo día con su señora echando una siesta… Que se preparen los gurús del cine independiente.

God bless maltese people.

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7 comentarios

Archivado bajo CARTAS DE UN 'HALCÓN MALTÉS'

7 Respuestas a “FOR A SHADOW OF HOPE

  1. Yorch o George para ti

    luego dices que el Rastis tiene una Flor en el culo, jejej…Abrazos

  2. Pepe

    Desde luego que lo que no lo puedas tú no lo puede nadie.

  3. Cabrele

    A lo mejor un dia te llega alguien y te dice que ha encontrao un brazo que perdiste en Oklahoma, o alguna locura de esas. Desde luego perder oootra vez la cámara y ooootra vez recuperarla bate todos los records.

  4. tamarita

    dios santo. cómo me gusta.
    los videos esos de la mujer echando la siesta tienen que ser muy bizarros.
    esos tienes que subirlos a yutuf.

  5. Lillo

    La suerte no sólo es para los q la tienen sino tb para los q la buscan puerta por puerta.

  6. Adso de Melk

    ¿No te has parado a pensar, querido maestro, que a lo mejor esta no es la tercera vez que pierdes la cámara, sino la tercera vez que la cámara intenta escaparse de ti? Querido Guillermo, la próxima vez déjala marchar.

    • Sabias palabras las tuyas Adso, mas la voluntad del hombre se afana en luchar contra los hilos del destino como la presa se enreda aun más en los hilos de la tela de araña mientras trata de escapar.
      Si está escrito que esa cámara fotografíe desde otras manos, no lo sabremos. Pero mientras dependa de mi, jugaré a creerme dueño de mi destino.

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